La madera de olivo que decora el mango de estos cuchillos Deejo destaca por su solidez y sus cualidades antibacterianas. En el universo de la cuchillería, la utilización de este material es un gran clásico. La materia, distinguida por la belleza de sus vetas naturales, aporta a cada pieza una estética única según el árbol del que proceda y la ilumina de magníficos arabescos beige que permanecen inalterables frente a la humedad y al paso del tiempo.
Como una huella digital, cada hoja forjada en acero Damasco es única en el mundo. Fruto de un saber hacer artesanal ancestral, el acero Damasco es un mil hojas de acero que revela una alternancia de aceros inoxidables (blandos y poco sensibles a la oxidación) y carbono (duro y afilado) magníficamente revelados en un baño de ácido. Adorado por los conocedores, sorprendente para los aficionados, el Damasco es el rey de los aceros que ha fascinado al mundo desde tiempos inmemoriales.
El acero del tipo Damasco es a la cuchillería lo que el diamante es a la orfebrería: una materia escasa y valiosa, de propiedades literalmente extraordinarias, que convierte tu navaja Deejo en un objeto de deseo excepcional. Deejo utiliza uno de los aceros de Damasco más bellos disponibles en cuchillería. Forjado en Suecia por la empresa Damasteel según la tradición artesanal más estricta. Este acero de Damasco altamente resistente a la corrosión, además de ofrecer una capacidad de corte asombrosa y duradera, presenta una estética verdaderamente fascinante: se ha forjado a partir de 2 aceros inoxidables, uno claro y otro oscuro, y cada hoja revela arabescos grisáceos y motivos geométricos que juegan con la luz en un impresionante tono sobre tono. Cada pieza es única, pues revela con sutileza los gestos precisos del herrero y de su savoir-faire.
El acero de Damasco, una materia especialmente resistente que goza de gran prestigio, es una de las aleaciones de acero más duraderas que existen. Eso sí, para conservar sus propiedades, es necesario seguir unos consejos muy sencillos.
En primer lugar, como ocurre con cualquier otra hoja metálica, el acero de Damasco es sensible a la herrumbre y la oxidación. El óxido es el resultado de la oxidación del hierro a consecuencia de una exposición prolongada a la humedad. El acero de Damasco, especialmente rico en carbono, es más sensible que ningún otro a esta reacción. Por lo tanto, es indispensable evitar todo contacto prolongado con el agua y, sobre todo, secar bien la hoja después de utilizarla. Con mayor razón, este artículo no puede lavarse en el lavavajillas bajo ningún concepto, ya que, de hacerlo, correrá el riesgo de estropearse de manera irremediable.
Asimismo, es importante no utilizar materias abrasivas ni productos químicos agresivos que puedan dañar el motivo damasquino, que constituye la esencia de la belleza y singularidad de estas hojas.
Con respecto al afilado, las hojas de acero de Damasco se afilan siguiendo el procedimiento clásico, mediante una piedra o un afilador apropiado. No obstante, hay que tener cuidado de no dañar el motivo característico de la hoja durante esta operación. Adicionalmente, la dureza del acero puede requerir más tiempo que una hoja convencional. Por lo tanto, es imprescindible adoptar un gesto preciso (sosteniendo el filo de la hoja en un ángulo de 40 grados), firme y repetido durante un tiempo más prolongado de lo que sería habitual.
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